Al referirse a “la soledad” de América, hace alusión a nuestra idiosincrasia latinoamericana, y con ciertas figuras míticas.
Los diversos sucesos que acaecieron durante años, como las guerras, golpes, los millones de niños latinoamericanos que morían antes de cumplir los dos años, los desaparecidos por motivos de represión, etc. Realidades descomunales que están a vista de todos, una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y la cual determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, llenas de desdicha.
La violencia y el dolor desmesurado de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento. Pensadores Europeos que han creído todo esto, como si para ellos no fuera posible otro destino que vivir a su merced y dependencia. Perdiendo nuestra propia identidad.
Pero todavía no es demasiado tarde para emprender otra realidad, distinta a la que se ve; donde nadie pueda decidir por otro; en un contexto distinto.
Creo que García Márquez reflejó el sentir de toda una generación de latinoamericanos. Para el año en que recibió el premio, el escritor había publicado (entre otros) Cien años de soledad. Caracterizado por lo fantástico y lo real, la cual son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente como el de América Latina.
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